MIGUEL HERNANDEZ
Nanas de la cebolla
El niño yuntero
Aceituneros
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"Nanas de la cebolla"
Desde la cárcel, el 12 de septiembre de 1939, Miguel Hernández escribía estas líneas a su esposa.
"Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor a la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles te mando esas coplillas que le he hecho, ya que para mí no hay otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme. Prefiero lo primero y así no hago más que eso, además de lavar, y coser con muchísima seriedad y soltura, como si en mi vida no hubiese hecho otra cosa. También paso mis buenos ratos espulgándome, que familia menuda no me falta nunca, y a veces crío robusta y grande como el garbanzo. Todo se acabará a fuerza de riña y paciencia, o ellos, los piojos, acabarán conmigo. Pero son demasiada poca cosa para mí, tan valiente como siempre, y aunque fueran como elefantes estos bichos que quieren llevarse mi sangre, los haría desaparecer del mapa de mi cuerpo. ¡Pobre cuerpo! Entre sarna, piojos, y sin ti, Manolillo de mi alma, no sabe a ratos qué postura tomar, y al fin, toma la de la esperanza que no se pierde nunca".
| La cebolla es escarcha cerrada y pobre. Escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre Una mujer morena Alondra de mi casa, Tu risa me hace libre, Es tu risa la espada La carne aleteante, Desperté de ser niño Ser de vuelo tan alto, Al octavo mes ríes Frontera de los besos Vuelo niño en la doble |
EL NIÑO YUNTERO Carne de yugo, ha nacido Nace, como la herramienta, Entre estiércol puro y vivo Empieza a vivir, y empieza Empieza a sentir, y siente Contar sus años no sabe, Trabaja, y mientras trabaja A fuerza de golpes, fuerte, Cada nuevo día es Y como raíz se hunde Me duele este niño hambriento Lo veo arar los rastrojos, Me da su arado en el pecho, ¿Quién salvará a este chiquillo Que salga del corazón |
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Andaluces de Jaén, No los levantó la nada, Unidos al agua pura Levántate, olivo cano, Andaluces de Jaén, Vuestra sangre, vuestra vida, No la del terrateniente Árboles que vuestro afán ¡Cuántos siglos de aceituna, Andaluces de Jaén, Jaén, levántate brava Dentro de la claridad |
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